Si te lo estás preguntando, es porque ya es tarde

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Las empresas no colapsan por falta de ideas, sino por falta de coherencia… y por ende, por falta de comunicación.

No es una cuestión de tamaño. Es una cuestión de conversación.

“¿Desde cuántos empleados se necesita tener a alguien en Comunicación Interna?”

Es una de las preguntas más frecuentes, y más equivocadas, que hacen las startups.

Buscan una cifra como si existiera una ecuación universal: 50 empleados, 100, 150.

Pero la verdad es que la necesidad de Comunicación Interna no aparece con el tamaño. Aparece con la complejidad.

Cuando hay más equipos que conversaciones, más canales que sentido, más tareas que propósito, la Comunicación Interna deja de ser un lujo y se convierte en infraestructura.

“La Comunicación Interna no entra a una empresa cuando hay presupuesto. Entra cuando hay ruido.”

Las primeras grietas no son visibles, se escuchan

El momento en que una organización empieza a necesitar Comunicación Interna no se mide en número de empleados, sino en síntomas culturales.

Son señales pequeñas, cotidianas, pero que anuncian algo mayor:

  • Equipos que ya no cuentan la misma historia del negocio.
  • Líderes que comunican distinto un mismo mensaje.
  • Personas que trabajan juntas sin saber por qué lo hacen.
  • Decisiones que se entienden menos, aunque se comuniquen más.

Cuando la empresa crece, cada conversación se vuelve un ecosistema.

Y si nadie lo orquesta, el resultado es fragmentación narrativa.

Cuando la conversación se fragmenta, la cultura se diluye

Toda empresa empieza con una historia clara: una visión compartida, un propósito, una épica fundacional.

Pero con el crecimiento, equipos nuevos, sedes remotas, canales múltiples, la historia se dispersa.

Ya no se cuenta igual.

Ni siquiera se recuerda igual.

“Una cultura no se rompe de golpe. Se fragmenta en cada conversación sin contexto.”

Ahí aparece la función más estratégica de la Comunicación Interna:

reconstruir la conversación colectiva.

No se trata de emitir mensajes, sino de asegurar que la organización siga sabiendo por qué existe, incluso cuando ya no caben todos en la misma reunión.

De la eficiencia a la coherencia

En las startups, la tentación siempre es priorizar la velocidad.

Iterar. Escalar. Avanzar.

Pero la velocidad sin coherencia no es crecimiento: es ruido amplificado.

La Comunicación Interna no busca ralentizar, busca alinear la energía para avanzar en la misma dirección.

Las empresas sin CI formal suelen pagar tres costos invisibles:

  1. Desgaste cognitivo: cada equipo gasta horas interpretando lo que otro quiso decir.
  2. Desconexión cultural: los nuevos ingresos entienden el qué, pero no el por qué.
  3. Fricción estratégica: las decisiones se malinterpretan y se perciben como arbitrarias.

 

Nada de eso requiere 1.000 empleados.

Basta con tener 30 personas sin contexto para que la organización empiece a desintegrarse desde adentro.

El liderazgo como comunicador accidental

Muchos fundadores creen que no necesitan Comunicación Interna porque “todos estamos cerca” o “yo mismo comunico todo”.

Pero esa cercanía es temporal.

Funciona mientras el liderazgo está presente, pero se evapora en cuanto crece la estructura.

“Cuando la cultura depende del carisma de los líderes, la comunicación se vuelve frágil.”

Comunicación Interna no sustituye al liderazgo.

Lo amplifica y lo protege: traduce su visión en lenguaje cotidiano, conecta decisiones con propósito y evita que cada líder cree su propia narrativa paralela.

El punto de inflexión: cuando el crecimiento supera la conversación

No hay un número exacto, pero sí un momento claro:

cuando la conversación ya no alcanza para sostener la cultura.

Sucede cuando:

  • Los equipos están distribuidos por el mundo.
  • La información circula por más canales de los que alguien puede seguir.
  • Las decisiones se anuncian, pero no se explican.
  • Las personas dejan de entender cómo su trabajo conecta con el propósito.

Ese es el instante en que la empresa necesita una función que preserve coherencia.

No para hacer más ruido, sino para que el ruido vuelva a tener sentido.

“Una empresa empieza a necesitar Comunicación Interna el día que su crecimiento supera su capacidad de conversar.”

De lujo a infraestructura

La Comunicación Interna no es un área de apoyo.

Es el sistema nervioso de una organización que crece.

Sin ella, las startups pierden velocidad cultural:

avanzan rápido, pero sin dirección compartida.

Tener Comunicación Interna no es señal de madurez.

Es señal de inteligencia.

Porque una empresa que se toma en serio su comunicación no está pensando en cómo informar:

está pensando en cómo sostener su coherencia mientras evoluciona.

“Comunicación Interna no es un lujo para cuando haya tiempo.

Es la infraestructura invisible que permite seguir siendo uno, incluso cuando se multiplica.”

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